No tenía previsto escribir sobre este tema pero el bombardeo constante con mensajes relativos a mi supuesto pacto con Dios o con Satanás acompañado del estruendo persistente de « tacones lejanos » me ha invitado a ello. En este breve artículo intentaré arrojar algo de luz, humana, por supuesto, sobre el tema. En cualquier caso, tanto el supuesto pacto como los « tacones lejanos » no son nada más que dos herramientas baratas dentro de un conjunto amplio de instrumentos de presión psicológica. En una de mis últimas visitas a Bruselas, al salir de la estación, se me acercó un individuo al que no conocía absolutamente de nada para decirme de forma abrupta y misteriosa... ¡Dios lo ve todo!
 
Mi noción de Dios no encaja con el Dios implacable y justiciero de las tradiciones judía y ortodoxa, tampoco con el Dios de la bondad infinita y el libre albedrío de la tradición cristiana, ni siquiera con el Dios hospitalario y sin rostro de la musulmana ni con el Dios polimórfico, ausente y presente al mismo tiempo, de las tradiciones budista e hinduísta. Para no prolongar la lista en exceso la acabaré diciendo que tampoco encaja ni con dioses tecnológicos ni con bahías electrónicas o tecnológicas aunque respeto, como no podría ser de otra forma, que muchas personas hayan convertido la tecnología moderna en su propia religión. Yo, en este último sentido, me declaro abiertamente humanista y de acuerdo con los que piensan que en un mundo de desafíos tecnológicos como es el actual, aún hay esperanza para la mente humana. Mi trabajo en torno a la Geopolítica de la Unión Europea es fruto de mi propio esfuerzo y mi única herramienta es un pequeño ordenador portátil que adquirí por 500 euros en unos grandes almacenes en España.
 
Recuerdo que hace unos años tuve la ocasión de asistir a una conferencia sobre los orígenes del Universo impartida por un catedrático en Astrofísica en un aula de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en la que alguien de entre el público asistente formuló al conferenciante la pregunta inevitable: ¿Cree usted que es posible la existencia de vida en otros planetas? La respuesta estuvo cargada de lógica. Habida cuenta de las reducidas dimensiones de la Tierra en comparación con la infinitud del Universo y de la relatividad comúnmente aceptada de dimensiones como el espacio y el tiempo, el estudio de las probabilidades de que así ocurra indica que sí, es mucho mayor la probabilidad de que sí la haya que la probabilidad de que no. Evidentemente, este planteamiento adquiere mayor sentido en el contexto de las teorías evolucionistas sobre la aparición del Hombre en la Tierra que en el ámbito de las teorías creacionistas.
 
Mi noción de Dios es una noción de tipo existencial, es mi respuesta a las preguntas que como la gran mayoría de las personas yo también me formulo. En cuestiones como los orígenes del Universo, donde no hay respuestas, casi siempre se encuentra mi noción de Dios. Este planteamiento vital encierra virtudes. La ausencia de barreras mentales en la cuestión religiosa me ha permitido siempre facilitar e incluso promover el diálogo y el entendimiento entre personas de distintas religiones. Esto puede formar parte de mi herencia cultural. Todo el mundo sabe que España ha sido y es posible que siga siendo Casa de encuentro de algunas de las grandes religiones.
 
Esto ni puede ni pretende desmerecer, en absoluto, sino todo lo contrario, la presencia y los esfuerzos en una escala diferente de personas de profunda y reconocida religiosidad que han mediado desde distintas concepciones para la resolución de grandes conflictos interreligiosos en los que la religión, a mi entender, sólo ha sido el pretexto utilizado por algunos para desencadenar o mantener la disputa. La realidad es que las auténticas razones que subyacen bajo este tipo de conflictos son razones relacionadas con el poder político, las rivalidades territoriales o la economía. En ellos, la religión como desencadenante, es tan sólo una excusa.
 
He mantenido pactos con algunas instituciones de mi país. Algunos caducaron, otros fueron alterados de forma unilateral, arbitraria y tendenciosa por funcionarios y gobernantes. En Derecho y en conciencia, la alteración unilateral de los acuerdos por una de las partes sin reserva anterior y explícita en tal sentido constituye causa de nulidad.
 
Hace varios años envié a una conocida un correo electrónico en el que parafraseando a Antonio Machado le decía: « Suena en la calle sólo el ruido de tu paso.. »  Antes, ella había escrito un soneto en el que cada verso comenzaba con una letra del nombre de este autor. Su respuesta a mi correo fue incoherente y absurda. Esta frase no constituye un pacto, tan sólo un saludo.
 
Puedo decir que en sentido metafórico he comido manzanas del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Antes, porque los guardianes del árbol me las sirvieron en bandeja de plata, después, porque los mismos guardianes del árbol me las ofrecieron directamente con la sórdida y vana intención de que al comerlas me atragantara.
 
Así pues, mis únicos pactos vigentes lo son conmigo mismo, con mi familia, con la Democracia y con los Derechos Fundamentales. Espero en un futuro próximo celebrar un pacto con la Unión Europea, el texto del acuerdo lo estoy redactando yo. No sé si acudirá a la firma, tal vez así sea.
 
 
 
 
 
 

 

Mi pacto con Dios
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